martes, 12 de mayo de 2009

Un recorrido lleno de historia, anécdotas y emoción (CRÓNICA)


Hoy tuve la oportunidad de participar de una experiencia interesante y maravillosa. Hace dos semanas que esperaba este día, pues antes ya habíamos intentando realizar la visita pero no se ejecutó. Finalmente, el día de hoy pudimos visitar el Edificio de la Asamblea Nacional. Salimos de la Universidad a las 11:00, y llegamos al lugar a las 11:30 (justo en el momento en que se había acordado la visita). Las afueras del Edificio son imponentes; las banderas del Ecuador, sus provincias y de la ciudad de Quito flameaban al compás de la delicada brisa que acariciaba el soleado día.


Dos personas estaban encargadas de guiar nuestra visita: la primera, realizó una breve reseña sobre el lugar y solicitó el canto del Himno Nacional (que entonamos muy fervorosamente los estudiantes que asisitimos); y la segunda, se encargó de la visita al interior del edificio y la explicación acerca de los murales que se encuentran al exterior del mismo.

La manera de contar el porqué de cada uno de los elementos que se encuentran en el exterior del Edificio, no tardó en llenarme de emoción. Razón por la que tomé mi cámara fotográfica y empecé a captar cada rincón y detalle.
Todo tenía un significado: las dos columnas, el piso (en forma de tablero de ajedrez), el escudo de la República del Ecuador ubicado en una piedra sin tallar... Y, por último, el majestuoso mural de Mideros que se extiende bordeando la parte superior del Palacio Legislativo. Y, es justamente en este mural en el que quiero profundizar mi análisis. La magnífica obra de arte se encuentra dividida en "secciones", en las que encontramos personajes del Tahuantinsuyo, la conquista, la época republicana, etc.
Dentro de esta variedad de matices hay algo que llama la atención. "Un buen artista sabe expresar los rasgos del cuerpo femenino y masculino con exactitud", decía el guía. Y Mideros es una muestra de ello, las figuras femeninas, ubicadas en el lado izquierdo del mural, contrastaban con las figuras masculinas del lado derecho. Cada detalle (uñas, cabello, músculos) relucen al admirar estas espléndidas figuras. Mientras las palabras del guía retumbaban en la plazoleta de entrada, mi cabeza intentaba entender la genialidad de Mideros. Resulta, pues, impresionante la forma en la que se logró congelar tantos instantes de la historia en un solo mural.



El sol se había vuelto un tanto más intenso para el momento en que la voz del primer guía anunciaba que ya era hora de ingresar al Edificio. Al costado de una alfombra roja, nos esperaban tres objetos históricos maravillosos. Primero, la silla del General Eloy Alfaro, misma que ha sido sujeto de restauraciones en las últimas fechas. A su lado, reposaban en una caja de madera tallada los dos documentos constitucionales: la primera Constitución del Ecuador firmada en Riobamba (1830), y la segunda, aprobada no hace mucho en Montecristi(2008).





Al fondo, un par de grandes puertas de madera (talladas de manera muy sobria pero, al mismo tiempo elegante, se abrían para dar paso al lugar donde los asambleístas se reúnen para sesionar. Al entrar, quedé admirada por la inmensidad del lugar, debo confesar que sentía una especie de ansiedad por poder tomar asiento en uno de los curules. No tardé en ubicarme (ocupé el lugar de Aminta Buenaño), después de que todos tomamos nuestros lugares, esperamos un corto lapso de tiempo para que las luces se apaguen y empiece una función que jamás olvidaré.
Un video del artista Oswaldo Guayasamín nos fue mostrado, en él se detallaba cada parte del mural que está ubicado en la parte frontal del salón en el que nos encontrábamos. Las palabras del artista iban adentrándose poco a poco en mi mente, era el perfil de una persona humilde e inolvidable.

Cuando las luces volvieron a encenderse y la pantalla ascendió lentamente hasta desaparecer, el inmenso mural del artista quedó de nuevo al descubierto. Cada parte, cada color llenaba la vista de quienes podíamos admirarlo.
Es cierto que, talvez, mis conocimientos acerca del arte y sus técnicas sean un tanto limitados. Sin embargo, me atrevo a manifestar que los sentimientos que llenaron a su autor una vez, eran capaces de manifestarse en cada uno de los espectadores. Y es que transmite tantas emociones...


Dolor, ansiedad, felicidad y patriotismo invadían mi mente y mi corazón. Guayasamín había manifestado que este mural fue hecho para durar 1000 años, y esque nuestra Patria es muy capaz de trascender y ser mejor cada día. Pienso que 1000 años son demasiado poco comparados con la grandeza que nos caracteriza a los ecuatorianos.

El guía dio fin a sus palabras con la siguiente frase: "...el relato del Evangelio de la Patria según Guayasamín, como me lo contó un día cualquiera...". Sus palabras se quedaron rondando mi mente, y debo decir que para mí, el 12 de mayo del 2009 no fue un día cualquiera. Luego de conocer el Palacio Legislativo, las salas de prensa y el trabajo que se lleva a cabo detrás de la actividad de los asambleístas, me dejó con una sensación un tanto extraña. Cuando los sentimientos se ven entremezclados es difícil de explicar, y no me culpo; estoy muy segura de que a todos quienes realizamos la visita nos quedó la felicidad, satisfacción y demás sentimientos que a veces es difícil sacar a flote.

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