Este domingo 26 de abril del 2009, los ecuatorianos ejercieron un derecho fundamental: el voto. Para mucha gente, esto ya no es novedad, pero para algunos sí. Y es que esta vez uno de los cambios que se dio, fue que el voto podía ser ejercido desde los 16 años. Pero, este cambio no fue el que me afectó personalmente. A mis 19 años y por primera vez, fui designada miembro de la Junta Receptora del Voto (JRV). Hace un poco más de un mes, mientras arreglaba todo para entrar nuevamente a la Universidad, recibí el nombramiento. En ese momento solamente empecé a pensar acerca de la pereza que podía significar tener que levantarme tan temprano en domingo; y seguir imaginando lo mucho que podía alargarse aquel día…en verdad me causaba una fea y no muy cómoda sensación. El único consuelo en aquel momento, fue que faltaba todavía una cantidad considerable de tiempo para que llegue el día. Por otro lado, sentía también una vaga consolación por poder servir a mi país (creo que esto le pasa a casi todo el grupo de personas que reciben esta notificación, así que no tuve tiempo de sentirme “fuera de” lo que venía).
El tiempo pasa rápido. Y así llegó la noche del sábado 25 de abril del 2009. Al día siguiente tenía que levantarme por lo menos a las 05:40 para poder llegar puntual al Colegio “Alvernia”, donde no solo tenía que sufragar, sino también hacer las veces de Presidenta de la JRV # 199 de mujeres. Pude notar que la llamada “Hora Ecuatoriana”, no quiso tomarse ni un corto descanso. Supuestamente todos los miembros de las JRV debían estar presentes en los recintos electorales a las 06:30, pero algunos llegaron hasta las 06:50. Al recibir la caja de materiales necesarios para el sufragio de manos de un militar, rápidamente empecé a trabajar junto con las 4 personas que formaban también parte de la mesa electoral que presidí. A las 07:20 de la mañana estuvimos completamente instaladas y el proceso electoral inició. Todo se desarrolló con normalidad, ningún altercado tuvo lugar y a las 17:00 cerramos el proceso. No pude evitar preguntarme acerca de las razones que puede haber tenido las 57 personas que nunca se presentaron.
Luego de haber cerrado el proceso, se venía lo “más cansado”: el conteo de los votos. Organizamos pues, de la mejor manera, las funciones con las que cumpliría cada una. Separamos las papeletas de votación y procedimos a realizar el conteo. Creo que no pude evitar manifestar mi desilusión cuando veía que la lista 35 (Alianza País), se llevaba el mayor puntaje en casi todas las categorías. Mientras realizábamos nuestro trabajo, el segmento especial “Opción 2009” (transmitido por Teleamazonas), atomizaba las voces del conteo con el relato de estadísticas de las votaciones.
A las 2150 minutos un respiro general se hizo presente: habíamos terminado el conteo. Con los sobres bien cerrados y la caja asegurada y entregada a los respectivos personajes (entre delegados de los partidos, militares, policías, delegados del Consejo Nacional Electoral [CNE], etc) podíamos marcharnos. Al llegar a mi casa me sentía bastante ahogada, pero el cansancio valía la pena. Había vivido una nueva experiencia, compartí momentos con gente excepcional, y fui parte de un servicio a mi país. Al parecer, el 14 de junio volveré a ejercer la misma función. Sé que la práctica hace la perfección; y no es que se necesite tanta, pero almenos estaré preparada para algo que deja de ser incierto.
lunes, 27 de abril de 2009
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