Hace un par de días regresaba de mi trabajo en medio del terrible trafico que, hoy en día, acecha a la “Carita de Dios”. Decidí tomar una ruta alternativa a la que normalmente tomo (osea, salir por la Av. Mariana de Jesús hasta llegar a la Av. Occidental). Esta vez fui por la Av. 10 de Agosto hasta llegar a la Av. Naciones Unidas.
Da la casualidad que en la extensa fila de carros que tuve que soportar hasta llegar a la NNUU, pude ver algo bastante particular. El auto que iba detrás del mío –blanco y, a juzgar por su aspecto, debe haber tenido siquiera unos 40 años. No porque estaba en mal estado, sino por la forma del auto en si- . Eran las 17:40 aproximadamente, y al mirar por el retrovisor, note que la pareja que iba en aquel auto era un tanto peculiar.
El debía tener unos 72 años, llevaba una camisa blanca y sus manos iban bien puestas sobre el volante, la mirada oculta detrás de unos anteojos cuadrados y fija en el norte (no se porque no se relajaba un poco, el semáforo estaba en rojo y era difícil adelantar en un lapso corto de tiempo).
Ella parecía tener mas edad que el (soy muy mala para calcular edades, pero creo que tenia unos 75 o 76 años). Llevaba un saco marrón oscuro y un pañuelo colorido en la cabeza. Me atrevo a decir que iba un poco mas relajada que el conductor (debía ser su marido), y su mirada estaba fija en la ventana del puesto del copiloto, donde iba sentada. No puedo negar que me distraje al observar esta situación, siempre me ha gustado mirar a la gente y preguntarme que habrá detrás, que historia tiene o cuanto tendrán para contar. La fila de autos adelanto un poco, pero el semáforo cambio nuevamente a rojo y solamente unos 4 vehículos alcanzaron cruzar hasta el redondel (donde un nuevo semáforo aguarda ansioso por detenerlos otra vez). La mujer regreso a ver a su esposo, le hablo, y volvió a su anterior posición. El no respondía…
Segundos después, las manos de la mujer (pequeñas y muy arrugadas) se trasladaron hacia su rostro y lo cubrieron. Al dejarlo al descubierto, su semblante había cambiado por completo. Hice un esfuerzo para ver un poco mas claro (hasta tuve que ponerme mis lentes para poder ver mejor), solo así pude confirmar mis dudas. Ella lloraba, se fregaba el rostro con las manos y movía la cabeza como renegando algo. El hombre se quedaba igual que antes, con la mirada fija al frente y no decía nada.
La fila de autos avanzo por segunda vez y quede en el primer puesto, en el carril izquierdo y (por fin) frente al semáforo. El auto blanco seguía detrás de mí; yo, por mi parte, continué observando aquel acontecimiento que, sin duda, llamo mi atención.
Pude ver que el hombre, finalmente, hablo. Ella le regreso a ver y le respondió. Era notable que su tono de voz era fuerte, eran gritos. El hombre regreso a ver a un costado y respondió también gritando. Los dos se callaron y la mujer siguió llorando, pero esta vez con mayor intensidad.
El semáforo cambio de nuevo y adelante hasta el redondel. El auto seguía detrás de mí, allí aguardaba el semáforo (del que hable antes), y estaba en rojo así que tuve que detenerme nuevamente. La mujer trato de abrir la puerta del auto y bajar, pero El la tomo del brazo y no se lo permitió. La espera en este semáforo no era tan prolongada como la del anterior, en menos de dos minutos ya había cambiado a verde y tenia que adelantar. Seguí mi camino y el auto blanco tomo a la izquierda… no se que había sucedido, talvez jamás lo sepa y jamás vuelva a ver a aquella pareja de ancianos…
Hoy, luego de que han pasado algunos días, me he sentado a reflexionar (aprovechando también que tengo algo de tiempo libre en el trabajo). Recordaba el titulo de un libro de Susan Sontag, “Ante el dolor de los demás”. Claro que el libro habla de la guerra y como es vista por aquellos que somos afortunados y no somos parte cercana de ella.
Se que, talvez, podrían creer que el libro no tiene nada que ver con lo contado, pero su titulo es lo que me lleva a reflexionar. A veces dejamos de lado lo que el resto de personas pueda sentir, y nos centramos demasiado en nosotros mismos…Alrededor nuestro pasan tantas cosas, y pocas veces (o nunca) nos detenemos a pensar la razón por la que suceden. Se que la vida nos da tiempo, pero también nos lo quita con cada respiro…
lunes, 17 de agosto de 2009
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